martes, 27 de octubre de 2015

Salud y Enfermedad


Si se quiere definir la ciencia de la medicina, la forma más aproximada de hacerlo sería considerarla como la ciencia de la enfermedad. Pues la enfermedad es la que aflora como lo perturbante, lo peligroso, aquello con lo cual hay que acabar. Es como si se estuviera forzando a la naturaleza allí donde se manifiesta la enfermedad. Lo importante es dominarla. 

El avance de la ciencia se ha dado en forma pareja con un retroceso en el cuidado general de la salud y en la prevención de las enfermedades. 

La función del dolor en la vida es la de señalar una perturbación en el equilibrio de ese movimiento vital en el que consiste la salud. 

Todo tratamiento está al servicio de la naturaleza; el término "terapia", que viene del griego, significa servicio. También esto requiere una forma del saber-hacer que no se dirige sólo contra la enfermedad, sino que se orienta también hacia el enfermo.

La salud es el ritmo de la vida, un proceso continuo en el cual el equilibrio se estabiliza una y otra vez. 

Platón señalaba en cierta oportunidad que no se puede sanar el cuerpo sin conocer el alma... más aún, sin conocer la naturaleza del todo. Con estas afirmaciones, no se refería a la totalidad en el sentido de un lema metódico, sino a la unidad del ser en sí. Se trata del todo que conforman los movimientos de las estrellas, del clima, de la composición del agua, de la naturaleza de los sembrados y de los bosques, que rodean el estado general del hombre y los riesgos a que éste se ve expuesto. La medicina parece ser una verdadera ciencia universal, especialmente si a ese todo se le suma el todo de nuestro mundo social.

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Sólo se puede estar contra la naturaleza cuando se es parte de la naturaleza y cuando la naturaleza está con nosotros. Por esta razón, nunca hay que olvidar que el enfermo y el médico deben estar de acuerdo en conceder el honor a la naturaleza toda vez que se logra la curación.

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